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¿Cómo enfrentar el colapso de las universidades?

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14.06.2018

Roberto López Sánchez - LUZ

Johnny Alarcón Puentes - LUZ

Lino Meneses - ULA

Jesús Puerta - UC

Karina Navarro - LUZ

Zaidy Fernández Soto - LUZ

Fernando Sánchez Salas - LUZ

Belinda Colina Arenas - LUZ

Carlos Alberto Añez - LUZ

Gladys Gordones Rojas - ULA

Darío Gómez – UPTAEB

Hugo Méndez – UNERMB

Marysol Ansa – LUZ

José León Uzcátegui – UC

Rafael Durán – UC

Jesús Urbina – UC

Freddy Bello - UC

La relevancia de las universidades para el desarrollo, autonomía, pensamiento crítico y soberanía de las naciones es un hecho reconocido mundialmente, aunque al mismo tiempo los poderes imperiales globalizados desarrollen sus propias agendas educativas que buscan someter la producción humanística, de ciencia y tecnología a los intereses privados del gran capital, sobre todo en los denominados países dependientes. En diversas ocasiones el discurso del ejecutivo nacional expresa una vacía aspiración de que Venezuela se convierta en una potencia latinoamericana. ¿Pero cómo lograr ser una potencia con el debilitamiento y aniquilación progresiva de nuestras universidades y de la educación superior en general? Para nosotros el objetivo de transformar la educación universitaria para colocarla al servicio del cambio social es antagónico con la aniquilación de las universidades como cuerpo de instituciones. Las universidades han sido y son un actor clave y estratégico, baluarte del conocimiento científico complejo que las potencias mundiales no han dudado en robustecer y en convertir en aliadas (ya sea que estemos de acuerdo o no) de su poderío económico, industrial, tecnológico, cultural, militar y en muchos otros ámbitos. Desde mucho antes del proceso bolivariano hemos sido profundamente críticos de las deficiencias y vicios de nuestras universidades, y por años hemos luchado por una transformación a fondo de nuestra educación superior para colocarla al servicio de las grandes mayorías trabajadoras y de los planes de soberanía económica de la nación. Es por ello que vemos con gran preocupación cómo las universidades venezolanas, tanto las autónomas como las experimentales, las creadas por el gobierno bolivariano y también las privadas, están viviendo una profunda crisis que no vacilamos en definir como colapso de la educación superior venezolana. Los elementos más resaltantes del diagnóstico de dicho colapso los planteamos de seguidas:

La crisis presupuestaria recurrente, agudizada por la giga inflación que vive nuestro país que afecta de manera directa a todas las actividades inherentes a la docencia, investigación y la extensión de las universidades venezolanas, incluyendo el mantenimiento de la infraestructura de las instalaciones universitarias.

Deserción masiva de estudiantes, generada por la crisis económica que atraviesa Venezuela. Muchas familias ya no tienen ingresos para seguir costeando los estudios de sus hijos; muchos jóvenes han buscado trabajos diversos y dejado los estudios por esta razón. También afecta la enorme migración de jóvenes hacia países de Latinoamérica, los cuales han abandonado sus estudios universitarios sin haberlos culminado. De esta forma la matrícula universitaria ha descendido en más de un 50 % aproximadamente, y muchas carreras se están quedando sin estudiantes. La realidad es que buena parte de los estudiantes que continúan asistiendo a las universidades pertenecen a los últimos semestres de sus respectivas carreras, y su perspectiva es abandonar el país apenas hayan culminado sus estudios.

Deserción masiva del personal docente y de investigación, profesionales, técnicos, administrativos y obreros, aunque en menor porcentaje que los estudiantes. En el caso del personal docente y de investigación, la migración hacia universidades de otros países del continente se produce en las áreas científico-técnicas y en el sector salud principalmente, tanto de profesores activos como jubilados. Muchos docentes con un alto grado de preparación y experiencia de investigación prefieren jubilarse e irse a otros países suramericanos donde tienen asegurados contratos por salarios cincuenta veces superiores a los devengados en Venezuela. En el caso de los docentes y administrativos más jóvenes, la ausencia de condiciones mínimas de trabajo en las universidades los llevan a renunciar, y prefieren buscar suerte en otros países aunque las posibilidades de ser empleados en su respectiva profesión sean inciertas. La proporción de renuncias de profesores alcanza porcentajes superiores al 20 % de la actual planta docente, lo que unido a las jubilaciones, a los frecuentes concursos desiertos para ingresar nuevos docentes, y a los que se ausentan por permisos no........

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