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¡La confianza no ha muerto!

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13.07.2018

Diego Valero Mateus

El presidencialismo como conductor de la confianza partidista y el parlamentarismo como fórmula de retorno. Una revisión institucional de nuestras democracias.

Reiterar que las causas de la desconfianza hacia los partidos han sido la corrupción, los altos niveles de desigualdad, la pobreza y demás dificultades que, hoy por hoy, siguen siendo el común denominador del sur y centro del continente, no resultaría muy provechoso [1]. Al margen de tan lamentables entornos, tenemos que negarnos a creer que la realidad no apremia un análisis más reflexivo, sin desconocer, por supuesto, que aquellas circunstancias juegan un papel preponderante en la pérdida de la confianza. Hay que echar una mirada a nuestra institucionalidad.

En un breve ejercicio de abstracción, nos formulamos una pregunta: ¿en dónde está depositada la confianza que correspondió a los partidos? Si se pretende retornar algo, lo que habría de advertirse en principio es en donde se encuentra o tan siquiera saber si existe. Por suerte, pareciera que la confianza no ha desaparecido [2]; el punto es que aquella ya no se encuentra en los partidos, pues se ha instalado en otro actor del espectro democrático. Alguien se ha encargado de cooptar esa confianza y algo de reconducirla en una dirección equivocada. Ese algo que guía ha sido un modelo presidencialista [3] que ruega por una trasformación y esos alguien que han recibido aquella determinación y confianza han sido los liderazgos ingentes que........

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